Patrimonio y Procomún

Hackear un museo implica a mi modo de ver como mínimo dos operaciones: una, tratar de mostrar que no hay nada necesario en su organización actual; y, dos, discutir sin paliativos la confusión que institucionalizan entre lo público y lo procomún.” @alafuente

La semana pasada hicimos el ejercicio de escuchar a Antonio Lafuente en una charla que dio hace un tiempo en el Museo del Chopo, en la Ciudad de México, y que compartió conmigo hace unas semanas, en un momento de intercambio que estamos construyendo con mucho cariño.

Antonio está asesorando un proyecto de investigación que trabaja la relación Patrimonio y Procomún, con el que me preparo para acceder a un posgrado en Trabajo Social. Un camino que también hemos compartido en estas sesiones colectivas en el aula y fuera de ella. Me gustaría que, si tienes tiempo, dediques una hora a escucharlo y a continuación, pongamos en común las reflexiones que Alejandrina, Sayil, Maritza y yo hemos discutido, pero también las tuyas, si quieres aportarlas en la caja de comentarios que encontrarás al final del post. Sería un placer.


@SayilTorrez nos comparte la siguiente síntesis-reflexión:

El museo nace como un espacio común, como un sitio en dónde contener la cotidianidad de los pueblos y comunidades, no se busca la espectacularización de una cultura sino el reflejo de una vida en sociedad en donde el patrimonio era ese bien común que todos disponían, y que formaba parte del vivir diario de los pueblos.

Tiempo después ese patrimonio de “nadie” y de “todos”, adquirió un dueño. El Estado y las colecciones que contenían los museos pasaron a cumplir la tarea de unificar a las débiles naciones, afirmar una identidad nacional; en fin a cumplir con la agenda política que convertiría a los individuos en ciudadanos.

Después de las catástrofes mundiales, los museos son utilizados como recintos de memoria en donde se añora el pasado perdido y se intentan recuperar, desde estos espacios, los valores que fueron perdidos durante la guerra.

Con la llega del capitalismo, los estados nacionales reconocen su incapacidad de proteger TODO el patrimonio que se encuentra en su territorio y lo insertan al mercado de las industrias culturales con la esperanza de que este “apoyo” externo posibilite la preservación y conservación del mismo. Las consecuencias de esta acción fueron el desarraigo y la alienación del patrimonio de sus comunidades de origen, la elitización de los museos y el mercantilismo de obras culturales.

Como señala Antonio Lafuente, el museo de hoy presenta una crisis, reflejo de la ruptura que se vive en el espacio público pero no común; en donde el patrimonio ha sido utilizado para esconder la diversidad en todos sus sentidos, minimizar la pobreza, ignorar a los marginados, a los desplazados y promover la escenificación de una cultura que se diferencie a todas luces de las demás. Es por eso que ante estas circunstancias, hay que hackear el espacio público y abrir los museos no en sentido numérico sino simbólico, ya que hackear significa encontrarle un nuevo sentido a las cosas, romper con el monopolio, desbloquear la propiedad privada y devolverlas al procomún.

@MaritzaEstrell1 nos comparte los siguientes tweets reflexivos:

Los museos son en la actualidad edificios cerrados que almacenan objetos de valor subjetivados por fuerzas hegemónicas, sin embargo su valor suele desaparecer cuando son arrancados de contexto.
El museo está al servicio de la construcción de la identidad nacional; el Estado es dueño de la propiedad comunal / común.
El museo debe alejarse de la producción de sensaciones estándar y dar paso a a experimentación, a la construcción de dudas y a la participación popular.
Los espacios públicos deben dar lugar a la formación de nuevos sujetos, nuevas formas de socialización que logren alejarse del imaginario privado.
Para que las producciones de acceso libre aporten al procomún, deben poseer reglas capaces de ser adaptadas a diferentes momentos / escenarios. Deben estar dotadas de plasticidad.

Patrimonio y Procomún, dos conceptos o realidades que parecen rivales pero que no debemos pensarlas separadas. Si pensamos que el Patrimonio es algo creado por el estado, que busca el ser nacionalista y el reforzar esa identidad de las naciones; el Procomún es aquello que está invisibilizado por el Patrimonio, es decir, es eso que nos hicieron creer que es de todos, pero en realidad es lo que hicimos-hacemos “entre todos”. En palabras de Antonio Lafuente: el patrimonio se inventa para saber cómo preservar el pasado y el procomún nace para intentar pensar en un futuro sostenibleUn viaje de ida y vuelta entre ambas nociones, en el que transitamos.

Entendimos que esos bienes comunes son invisibles y que los detectamos cuando están amenazados. Que nuestra labor como facilitadoras puede ser, entre otras, la de revelar las comunidades que habitan esos bienes y generar infraestructuras que permitan conservarlos, reutilizarlos, repensarlos y, sobre todo, decidir cómo, para qué y para quién.

Gracias, Antonio, por estar, por tomarte el tiempo, por compartir, por abrir todo tu conocimiento y tu cariño.

“A una idea abstracta debería pasarle siempre lo mismo:  que puede estar muy bien como prototipo ideal de herramienta con la que abrir el concepto de puerta, pero que mi puerta, esta puerta, se abre con una llave ad hoc que debemos fabricar”.
@alafuente

El día continuó con una mirada crítica hacia esta entrevista que el actual Director de la Secretaría de la Cultura y las Artes, Roger Metri Duarte, dio sobre el Festival Internacional de la Cultura Maya (FICMaya 2014). A continuación miramos hacia la alternativa que ofrece La Fiesta del Pueblo, el Cha’anil kaaj y recogimos algunas reflexiones:

 

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Hablamos de Matrimonio y Patrimonio como opuestos, pero también como complementarios. Hablamos de las matrias, de turismo masivo, de viajes y viajeros, de dinero, de consumo material, de los fines lucrativos que eso conlleva y de cómo se especula con los bienes y se siguen generando políticas neoliberales que arrasan con todo. ¿Qué es lo que entienden por cultura? ¿Por qué siguen replicando modelos “espectaculares” y tratan de copiarlos en contextos inadaptables? ¿Cuál es el propósito? ¿Enfocarse a un turismo de masas que, según entienden, son lo que tienen el dinero? ¿Y la cultura local? ¿Y los prosumers?

La realidad que plantean con el FICMaya es la de un encuentro diseñado para un turismo satanizado, espectáculo puro que consolida, una vez más, la idea de creación de estereotipos. No nos sorprende pero es triste, a la par que desolador. Ignorancia en su sentido más amplio. Apariencia y ostentosidad. Búsqueda de logros insostenibles. Muestra de lo complejo de esta sociedad y de un presente duro al que nos adaptamos y que pondremos del revés, a partir de múltiples despropósitos que generen pequeños cambios.

Si todo va bien, en unos días podremos compartir un lindo momento con David Escalante Euán, del Colectivo Santiaguero, quien ha participado en el Cha’anil kaaj y podrá contarnos un poco cómo se organizan, cuáles son sus objetivos y la realidad de un festival alternativo que queremos saber ¿qué tiene de común? ¿qué significa para la comunidad? ¿cuánto de alternativo tiene? ¿para qué y para quién?.

Nos despedimos hoy con una imagen recién tomada en el hall del edificio Dragones, mientras los chic@s arman el altar de muertos en el que están presentes las ánimas de Ayotzinapa. Se acerca el Hanal Pixan y ya las almas darán vida a los cuerpos…

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